Categoría: Escrito por Anahí Canales

Muchas veces cuando nos relacionamos con niños, nos sorprende lo que hacen o dicen. Su conducta parece caprichosa o curiosa. Esto se debe a una característica del pensamiento infantil que se denomina EGOCENTRISMO.


El estadio inicial del ser humano es de un profundo egocentrismo, una total indiferenciación entre lo que él es y lo que no es. O sea que está centrado.

El niño conoce el mundo según una sola perspectiva, la de él mismo. Es por ello, que tiene dificultad para ponerse en la perspectiva del otro, para separarse de su propio punto de vista e imaginarse cómo entiende las cosas otra persona.

Entender la realidad supone situarse respecto de ella y entonces tomar conciencia de uno mismo como algo distinto, aunque vinculado a ella. En el egocentrismo, el sujeto no se diferencia de lo que lo rodea, ya sea la realidad física o la realidad social, tanto desde el punto de vista material o desde el punto de vista mental.

El egocentrismo aparece en todas las etapas del ser humano, la superación de un tipo de egocentrismo va unida a la aparición de un nuevo tipo.
El DESARROLLO INTELECTUAL pase por tres estadios:

* SENSORIOMOTRIZ,
* PREOPERACIONAL
* PRECONCEPTUAL - INTUITIVO.

Durante el periodo sensorio-motriz, el sujeto tiene que construir una noción de sí mismo, se tiene que construir a sí mismo como un objeto entre los demás y tiene que aprender a descubrir que la realidad no depende de sus propios deseos, que la realidad ofrece resistencias y que hay que plegarse, acomodarse a las leyes de esa realidad. Pero cuando a superado el egocentrismo práctico referido a la acción, empieza a aparecer el referido al pensamiento.

El desenvolvimiento humano, es un lento proceso de autoconciencia, es decir descentración, lo cual implica una objetividad creciente que no termina nunca.

El niño de 2 años ha superado el egocentrismo a nivel físico, a nivel motor, porque según Piaget, ya ha dejado el estadio Sensorio-motor y se encuentra en el estadio preoperacional (de 2 a 4/½ años), con una capacidad de representar, ahora es capaz de interiorizar, mentalizar hechos, personas, situaciones y sucesos. Puede rememorar el pasado y anticipar el futuro. Pero aún posee un egocentrismo a nivel mental, representativo, que deberá ser superado paulatinamente, para llegar a representar como los adultos.


A causa de ese egocentrismo a nivel representativo, confunde su punto de vista con el de los demás, es espontáneo e inconsciente, el niño invade el mundo con su subjetividad.

¿Cómo logra representar el niño? Representará captando nada más que las cualidades accidentales, sin poder abstraer esencias.

En el juego representa una realidad que lo impactó, revive aquello que le gustó recuperando de este modo la experiencia pasada. A esto, Piaget lo denomina “Juego de imitación”.

El niño representa con gestos, con su cuerpo, utiliza su motricidad, sus movimientos para representar; utiliza vocablos sólo por él entendidos. A esta edad el lenguaje más que sustituir la acción la acompaña. Su pensamiento va acompañado del gesto, y esto le dará significación al juego, cada vez que cambia de gesto también varía el juego.

El lenguaje también es egocéntrico, el niño inventa vocablos para designar lo que a él se le da la gana, utiliza preconceptos.

En el dibujo el niño, ya no se conforma con el trazo de simples líneas, sino que tiene un verdadero interés en “dibujar algo”. El dibujo, la imagen y la palabra son significantes, son medios para representar la realidad. La realidad a que apuntan los significantes es la cosa concreta. La cosa concreta sería el significado.

Piaget denomina a este estadio preconceptual, porque el lenguaje del niño es egocéntrico, elabora vocablos para designar lo que él quiere, utiliza preconceptos, que no son conceptos universales, ni respetan la convención social del lenguaje. El niño habla como él quiere y sólo él se entiende. El preconcepto no alcanza ni la universalidad, ni la esencialidad de un concepto. El lenguaje es simbólico porque utiliza cualquier significante para cualquier significado.

Al llegar a los 4 años y medio o 5, el pensamiento del niño es intuitivo, sabe interiorizar, pensar, pero allí se queda en lo dado o como dice la definición de intuición “simple interiorización”, no pudiendo, no sabiendo agregarle nada, ni relaciones, ni generalizaciones nada. Si no es capaz de captar dos objetos a la vez, en sus semejanzas y diferencias, tampoco es capaz de captar relaciones.

No entiende el tiempo porque el “ahora” es una relación entre un antes y un después, esto le es imposible comprenderlo para un pensamiento centrado y rígido. Puede captar sólo el espacio práctico, el que es manejado por su psicomotricidad, falta aún tiempo para que construya un espacio concebido, pensado. Si la construcción de lo concebido depende de la interiorización de lo vivido, cuantas más experiencias haya vivido y percibido el niño, tantas más ricas serán sus interiorizaciones. Lo mismo sucede con el tiempo, el tiempo concebido, mentalizado se construye en base al tiempo vivido. Partimos del movimiento vivido en un espacio y tiempo vivido lo más rico y variado posible, esperando que el niño más tarde pueda interiorizarlo en toda su riqueza.

El ámbito donde va a lograr la mayor parte de estas experiencias indispensables, es en el juego. A esta edad la actividad lúdica pasa de un “juego simbólico” o imitativo a un “juego de papeles” o de roles, que florece a esta edad con abundancia y ocupa casi el 70% del juego espontáneo de los niños.

Espero que este artículo te sirva para acercarnos un poco más a la comprensión de nuestros niños.


1 comentarios:

  1. muy bueno el contenido,m sirvio mucho...graciassss